1. Sobre la noción de compost digital

Entamu

Pa lxs compañerxs de Nodo Común.

Esti testu surde nel contestu d'una conversación qu'arrancamos a tener a finales de 2025, na qu'empezamos a pensar les potencialidades del Xardín dixital na so conexón colos debates sobre la noción de tecnodiversidá.

Compost digital

La noción de compost me interesa por varias razones. Algunas tienen que ver con cuestiones específicas del patrimonio inmaterial, pues aquí, en Asturias, el compost tiene una historia significativa, muy ligada a una concepción alternativa de la esfera pública y a formas de autonomía rural –pero bueno ese es, por ahora, otro tema–. En el contexto en el que estamos, lo que más me atrae es que el compost potencia e intensifica el imaginario de lo procesual y del abono al que ya nos había invitado la noción de jardín digital. Como viene a señalar Emanuele Coccia, en Le Semeur (2020), compost es la manera en que veríamos nuestro jardín si pudiéramos ir más allá del antropocentrismo.

Lo clave del compost es que funciona principalmente como un lugar de encuentro multiespecies, con «otros» de naturalezas de lo más diversas. En él, insectos, lombrices, larvas, pequeños roedores, plantas de múltiples especies y, por supuesto, todo tipo de humanes aprenden a relacionarse de un modo mutuamente beneficioso. Pero no lo hacen «en igualdad», sino a través de un tipo particular de mutualidad que extrae su fuerza de la alianza «en» y «a través» de la diferencia. En el proceso de compostaje, la puesta en común de aquello que en la cosmología extractivista no se consideraba valioso, genera, gracias a esta suerte de encuentro virtuoso, una biodiversidad de la que había al comienzo. El compost es, en este sentido, una figura de la simbiosis atada a la tierra que, precisamente porque es de lo divergente, se vincula también a la noción de tecnodiversidad.

Por otro lado, me resulta muy sugerente también el eco con Donna Haraway, impulsora del ciberfeminismo en los noventa, que en los últimos años ha desplazado su pensamiento hacia estas cuestiones del compost. Ella misma dice que ya no es posthumanista como en los noventa, sino Compostista, y que la capacidad de generar humus es para ella la clave de cómo pensar los problemas de nuestro tiempo. En este sentido, el concepto de «compost digital» capta también este interés por «aterrizar» en los territorios y en los contextos concretos, del que habló Latour –y que ya estaba presente también en la noción convencional de jardín digital desde el principio–. Frente al internet lineal del stream, con su énfasis en la aceleración temporal, el compost es una figura con la que imaginar futuros alternativos, para un internet que nos ayude a inventar modos de encontrarnos entre los diferentes, tanto en lo digital como en el cuerpo a cuerpo. El compost, con lo que tiene de cuidado de la tierra, es lo que nos enseña a hacer alquimia de lo digital, de su binarismo ontológico, y hacer emerger, a partir de ahí, nuevas formas de computar el mundo.